Qué fácil es hablar de focalizar en un mundo lleno de distracciones a todas horas. Nos quejamos de que los niños o los adolescentes no prestan atención, no saben estar quietos, no saben estar sin hacer nada.
Me pregunto cómo hubiera sido mi vida si hubiera nacido en plena revolución tecnológica, si hubiera crecido viendo como normal el móvil, las redes sociales y los realities. ¿Habría conseguido las mismas cosas? ¿Tendría los mismos gustos? ¿Sería más o menos materialista? ¿Tendría la misma imagen de mí cuando me mirase en el espejo?
La pedimos a un niño que controle el impulso que crea la dopamina y le hace revisar las redes o mirar el whatsapp y nos enfadamos si no es capaz de hacerlo ¿Nosotros somos capaces? ¿Somos capaces de no desbloquear el móvil infinitas veces durante el día sin ninguna finalidad concreta? ¿Somos capaces de no hacerlo cuando estamos aburridos? Si te aburres ¿puedes estar sin hacer absolutamente nada? ¿O por defecto enciendes el móvil, la televisión, …?
Cómo crear un hábito de concentración si desde pequeños, cuando nos molestan llorando, le damos un móvil para que se callen, porque es más cómodo que jugar con ellos o darle opciones para que inventen juegos por sí mismos. El bebé o el niño necesita crear ese mundo interior, darle vida, focalizarse en ella y vivirla desde dentro. El móvil, la tele, los videojuegos lo traen hecho y si lo traen hecho, ¿para qué lo va a inventar? Esto se extrapola a comer, cocinar, limpiar… Si todo nos lo dan hecho, no tenemos la necesidad de aprender, de imaginar, de CREAR. Todos los cachorros, de todas las especies, juegan, experimentan, se equivocan, se caen, se levantan, porque así es la manera de aprender las reglas de la vida y de la comunidad.
“Es que mi hijo ve la tele/móvil y se queda tonto”. Siento quitarle protagonismo a tu retoño, no es tu hijo, somos todos. El tipo de onda cerebral cambia, de Alpha a Beta, y entramos en un estado aletargamiento, muchas de las funciones cerebrales se “detienen”. El problema no es que puntualmente lo haga, el problema es cuando es continuo todos los días. El coco se acostumbra a ese estado de hipnosis y va perdiendo la capacidad de concentración. Pero todo esto ya lo sabíamos, ¿no? Como lo del tabaco, el alcohol, etc. Y si sabemos todas estas cosas ¿por qué las seguimos haciendo en detrimento de nuestra salud y bienestar? La respuesta es que evolutivamente el ser humano está preparado para pensar en este instante. Somos exactamente iguales que nuestros antepasados que cazaban y recolectaban, en nuestra evolución ha primado, la mayoría del tiempo, el aquí y el ahora, hace apenas 10.000 años que empezamos a pensar a largo plazo, por ejemplo, con la agricultura. ¿Conoces algún animal que tenga una despensa con comida, que prepare un aljibe o congele su presa para comérsela pasado mañana? Y cuando lo hicimos todo empezó a cambiar, pero eso da para otro texto. El caso es que estos aparatos nos dan recompensa instantánea todo el tiempo, es como una droga, le damos a la cabeza lo que más le gusta, por lo tanto, más quiere. ¿Y por qué es malo entonces? Porque es todo el tiempo. Nuestro primo de hace 10 milenios, por mucho que quisiera cazar ahora mismito un bicho para comérselo, tenía que esperar a encontrarlo, cazarlo, prepararlo, transportarlo al resto de la tribu. Nuestro bicho es el móvil y lo tenemos a golpe de clic, así que nunca terminamos de fomentar la paciencia.
De todo esto, lo que más me inquieta si cabe es que esas criaturitas están creciendo viendo videos que muestran vidas que no son reales, personas que ganan millonadas gritándose unos a otros o sacando exclusivas en revistas o televisión, que gente que no sabe hacer nada de provecho por la sociedad (ojo que estoy diciendo provecho) va a tener más nivel de vida (que no calidad, porque ya sabemos que potencia sin control…) que alguien que se pasa formándose muchos años e incluso media vida, que el que está encerrado en un laboratorio investigando la cura de cualquier enfermedad tiene el dinero justo para llegar a final de mes o el que enseña a otros o el que se juega la vida para salvarte cuando estás en apuros. Esas criaturitas ven eso como normal, pero no lo es. Eso les crea una necesidad que ataca directamente a su autoestima, TIENEN que acercarse a esos ideales irreales y como ya hemos comentado que estamos a tope con eso de tener una recompensa inmediata, porque a nuestra cabeza no le hemos enseñado otra cosa: Me hago una red social, cuelgo fotos, busco likes, comentarios, seguidores, lo que sea con tal de que alguien me valide. Y si con todo lo anterior no me vale, pues será que tengo que comprarme ropa más cara, un mejor móvil, mejor coche, mejor… da igual, mejor algo para ver que estoy por encima de todo los que sigo o veo y que así mi autoestima vuelva a volar un poco alta para hostiarse 20 metros más adelante.
¿Qué es lo realmente importante? ¿Poseer muchas cosas o poseer solo lo que realmente necesito?
Cuanto menos tengo menos necesito. Cuanto menos necesito menos distracciones y entretenimientos alejados de mi foco tengo, menos volatilidad mental. Menos me visita la loca de la casa a recordarme todo lo que me falta, porque no me falta nada que no pueda encontrar dentro de mi mente.
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