La suerte y sus dos caras. ¿Hay gente muy afortunada o esa gente está en el sitio indicado y con las condiciones adecuadas, cuando esa suerte llama a su puerta?
Lo primero es cuestión de azar, lo segundo, generalmente, va acompañado de mucho trabajo del que poca gente es consciente. Puedes encontrar la mejor oferta de trabajo como ingeniero aeronáutico, que si no lo eres, te va a dar igual. Entonces, ¿el ingeniero que ha encontrado ese trabajazo ha tenido solo suerte o ha estado en el lugar y con las condiciones adecuadas para que cuando ese tren fortuito llamara a su puerta pudiera subirse en él?
Es fácil hablar de la suerte de otros sin ponernos en sus zapatos. ¿Cuántas horas ha estado la otra persona trabajando, estudiando, formándose extracurricularmente? Y si obviamos el tema de los estudios ¿Cuánto tiempo ha pasado pensándose, mejorándose, cayéndose y levantándose, trabajándose a sí misma para mejorar todas esas cosas no tan positivas que todos tenemos? Desde mi punto de vista la mayoría de las veces que nombramos a la suerte en realidad estamos obviando un montón de pasos previos, que por norma general, son los que “atraen” esa supuesta fortuna.
De hecho, creo que hay un punto importante que debemos tener en cuenta para tomar consciencia sobre el impacto de esta palabra y la ligereza con la que habitualmente la usamos. Durante muchos años he pensado que gran parte de lo que tenía era gracias a la suerte. ¿Qué mensaje le estoy mandando a mi cabeza si hago esta reflexión? Que ha sido todo casual, no ha tenido nada que ver con el trabajo que había hecho hasta entonces. Esto pasa porque en muchas ocasiones desmerecemos dichos esfuerzos. Miramos al pasado como algo que ya pasó y que así lo teníamos que hacer, tendemos a olvidar los malos momentos y a darlos por sentado. No recordamos la de horas de empeño, ahínco y desmotivaciones. No sé, quizás te pasaste muchos años estudiando una carrera que estuviste apunto de abandonar porque no creías que fueras capaz o entrenando todos los días incluso cuando no tenías ganas o escribiendo un diario o meditando o leyendo libros para aprender más sobre ti. Tú decidiste hacer todas esas cosas para mejorar, sea en el ámbito que sea, reducirlo todo a la casualidad no solo no es real, sino que es injusto. Creo que atenta, de manera directa, sobre nuestra autoestima y nuestra moral, por ello creo que es interesante ser realista y cuidadoso con su uso.
Quizás en otro momento de mi vida esta matización me hubiera parecido una soberana chorrada, pero ahora miro con lupa lo que me digo a mí misma y cómo me lo digo. Me di cuenta del error tan garrafal que cometía no prestando atención a cómo me trataba y el impacto tan grande que tenía sobre mi estado de ánimo y la estima hacia mi persona. Lo que más me llamó la atención fue darme cuenta que jamás hablaría a alguien como me hablaba a mí.
¿Lo has pensado alguna vez? ¿Le dirías a alguien las cosas que te dices a ti y en la forma en la que lo haces?
No hay comentarios:
Publicar un comentario