Me sorprendo otra vez pensando que todo en el futuro será mejor. Que si no tuviera la preocupación que me atrapa ahora los pensamientos, sentiría una paz absoluta. Sigo sin aprender que, por defecto, la mente siempre busca preocupaciones, que no vendrá un tiempo mejor que el que yo pretenda y me trabaje por tener. Que no existirá ese día sin rumiación, sin algo que me quite el sueño, que siempre, SIEMPRE mi cabeza terminará encontrando la vuelta a algo para hacerme presa y esclava.
No es que tropiece con la misma piedra, es que creo que yo misma me la tiro delante y hago como que no la veo. ¿Cómo puedo llevar tantos años dándome de bruces con lo mismo, una y otra vez? Y lo peor de todo, ¿Cómo puedo hacerlo sabiéndolo? Es como si viera la piedra y dijera ‘Me voy a tropezar’ y acto seguido lo hiciera. Crónica de un tropiezo anunciado y premeditado. Maravilloso.
Es una utopía pensar que no tendremos preocupaciones, siempre existirán. Lo realmente interesante es ver con qué prisma miras esa preocupación, qué importancia le das, cómo vas a permitir que ella entre en tu vida y la guíe o no.
Es decidir, si la preocupación va a ser tu vida o en tu vida habrá una preocupación residual. Es decidirlo y empezar a trabajar en ello, una y otra vez, hasta que la próxima vez que cojas la piedra, en vez de tirar la delante, la mandes a la mierda.