sábado, 23 de septiembre de 2023

Recuerdo

Suenan las primeras notas e irremediablemente, te apareces. Esta canción es tuya.

Veo clara aquella piscina, la luz que había, tu cara mientras flotabas en el agua, su mirada queriendo entenderlo todo, mis ganas de que no hubiera nadie nada más que tú y yo.  Recuerdo mi vergüenza sabiéndome observada, no querer que se supiera. La broma que te gasté para disimular. Mi miedo al qué dirán y a la misma vez, sentir que no lo podía parar. Ese final de verano que nunca olvidaré.

Cambia la estrofa y la escena se difumina, ahora te estoy esperando en la esquina de mi casa. Llevo dos meses sin verte porque has estado en la playa y de pronto apareces abriendo la cancela. Llevas un vestido blanco, estás negra como un tizón y me sonríes de oreja a oreja de una manera que no puedo dejar de mirar. Lo primero que oigo de tus labios es el eterno ‘Hola fea’ y esa risa, que pase el tiempo que pase, siempre resonará dentro de mi cabeza.

Suena el estribillo. Todo vuelve a cambiar. Te veo caminando por la calle muerta de la risa porque no te podías creer que fuera mi primer beso. Él no entiende nada, ni lo va a llegar a entender nunca. Recuerdo el billar, tu mirada, tu sonrisa. Los refrescos que duraban tres horas. Tu llamada al día siguiente, ese: “Yo lo intentaría” que lo cambió todo para siempre. Tú me hiciste valiente. Tus manos. Tabú. Tú.

Recuerdo las ganas, la ilusión y la felicidad que me producías y que me sigues produciendo con solo pensarte. El lastre que me quitaste y que no tendré vidas para agradecerte. Me enseñaste que es mejor arrepentirse de los errores que de no haberlo intentado, que no siempre hay que ser modélica, que los sueños se hacen realidad y algunas pesadillas también, que la esencia de las personas perdura indeleble en la mente de la que la quiere. Te llevo, te siento, te quiero.

Cada vez que tengo miedo de hacer algo recuerdo que tú ni si quiera puedes intentarlo y entonces solo puedo querer comerme el mundo.

Te echo de menos, Enana.

sábado, 16 de septiembre de 2023

La calma

Como si de un barco de papel se tratara me dejo mecer por una suave marea que me va llevando a un lugar desconocido, nuevo. El viento empuja mis velas haciendo su función de una manera firme.

Voy atisbando diferentes formas, distintos lugares. Mil millones de verdes, azules y naranjas. Los colores se funden, dan lugar a algunos nuevos y a otros que no lo son tantos. Las texturas todavía no las puedo tocar, pero las intuyo como si ya las sintiera entre mis dedos, debajo de mis pies, envolviendo mi cuerpo.

No juzgo, no intento saber anticipadamente, solo quiero vivirlo desde dentro hacia fuera. Dejar que todo sea como tenga que ser, que me lleve en la dirección desee, como una hoja caída que vuela libre. Tantas veces me aferré y tantas veces me lastimé. Ahora solo quiero tomar la forma que me toque, amoldarme a lo que venga.

Me adapto, floto, crezco y respiro. Miro y observo con curiosidad. Me río de mis caídas y lloro de emoción al ver todo lo que nace frente mis ojos. Corro, salto y me zambullo en una infinidad de ríos de emociones que dejo que me recorran de arriba abajo. Las dejo pasar, las dejo atravesarme y llenarme, se escabullen divertidas entre mis dedos y yo simplemente las dejo ser como son. Ellas saben más que yo.
 
Sigo transitando mil sendas diferentes sin querer permanecer más tiempo del que me permita el destino. Ahora aquí, luego allá. Lo que se estanca se pudre. Recorro cada milímetro disfrutando el camino, sin esperar qué será o qué fue. Solo viviendo esto que tengo frente mis ojos, entre mis manos, solo el suelo que pisan mis pies o el aire que baten mis alas.

¿Hay algo más además del ahora?

sábado, 9 de septiembre de 2023

El sentido de la vida

¿Cómo se vive una vida con sentido? O ¿cómo encontrar el sentido de la vida? 

¿Depende de lo que poseemos? ¿De la suerte que tenemos al nacer? Quizás hay una parte que sí, pero hay innumerables ejemplos de gente que lo tiene todo y no encuentra razones para vivir o gente que sin nada las encuentra sin parar. ¿Entonces?

¿Por qué hay personas que viven auténticos dramas familiares y son capaces de llevar una vida plena y sobreponerse a todo y otras que no les pasa nada grave y se ahoga en cada charco que se encuentran?

¿Tendrá que ver con la manera de enfrentar los problemas y de procesarlos? ¿Qué pasa con las personas que se escabullen de los problemas cada vez que los hay? ¿Puede influir esto en su felicidad? A priori, huir de una determinada situación puede parecer que nos libera de ese duro momento, pero en realidad el mensaje interno que nos damos es distinto. Nos estamos diciendo a nosotros mismos que no somos capaces, que somos cobardes y eso no es baladí, no cae en saco roto. Poco a poco va haciendo mella.

No hacer frente, por defecto, a las situaciones complicadas que aparecen en nuestra vida como, por ejemplo: Esa charla incómoda con tus padres, con tus hijos o con tu pareja, hace que lo vayas posponiendo todo, incluida la posibilidad de vivir tu vida con plenitud. El no tener las conversaciones desagradables hace que nos liberemos en ese momento, pero hace insoportables todos los demás, es como un estado de insatisfacción constante, como una bruma que nos rodea todo el tiempo, que nos hace sentir incómodos, incomprendidos y cada vez más alejados de las personas que queremos. Si no decimos como nos sentimos ¿cómo pretendemos que lo sepan los demás?

En algunas ocasiones, todo se vuelve tan complicado y nosotros nos vemos tan incapaces de afrontar esa pelota que cada vez se ha hecho más grande, que hay personas que terminan sepultadas por su propia huida, cada vez más sobrepasadas, sin ser capaces de enfrentarse a todo lo acumulado durante tanto tiempo. Entonces aparecen las depresiones, ansiedades, ataques de pánico y demás trastornos psicológicos que, en el mejor de los casos, tratarán con un profesional, pero desgraciadamente, en un número elevado de ellos no.

Quiero poner foco en estos casos que no hay ayuda de alguien especializado, porque la sensación de la persona es tan mala y la necesidad de quitársela tan grande, que muchas de ellas tienden a usar fármacos (antidepresivos, tranquilizantes, ansiolíticos, etc.) de manera irresponsable, con dosis muy elevadas sin tratar la afectación psicológica de base, con lo que al final no solo no solucionamos el problema si no que creamos otro, la adicción. Las pastillas palían momentáneamente los síntomas, son muy útiles si trabajamos paralelamente con un especialista, pero por sí mismas no solucionan absolutamente nada de forma permanente. Cada vez necesitaremos una dosis más alta para acallar todas esas emociones, sensaciones y ahogos internos porque nuestro organismo se irá acostumbrando a dicha sustancia. El mismo final hay para resto de drogas legales o ilegales que el ser humano usa para huir de su cabeza, aunque sea por unos minutos. Todas nos hacen evadirnos de nuestra realidad y nuestra presencia. Nos liberan de las preocupaciones y nos hacen sentir más ligeros, pero no facilitan el camino a largo plazo y mucho menos la recuperación.

La pregunta entonces es: ¿De qué estoy huyendo y por qué? ¿A qué me aferro cuando estoy mal? ¿Es algo que va en contra de mi cuerpo aunque lo tranquilice momentáneamente?

La verdad es que no sé cómo se encuentra el sentido de la vida, lo que sí sé es que seguro que no lo encontraremos escondiéndonos de lo que el día a día nos depara. 

Quizás merece la pena recordar que ser valiente no es no tener miedo, es hacer las cosas a pesar de sentirlo.

sábado, 2 de septiembre de 2023

Espirales de vida

Un reclamo al viento, una esencia que se esconde, un mañana que siempre llega, un sol que siempre se pone. Un círculo vicioso que se esmera en repetirse. Reacciones a acciones. Consecuencias de actos.  
No siempre recogiste lo que sembraste y eso no tendría que preocuparte, hay veces que todo se congela hasta que llega el momento adecuado. La justicia es algo objetivo que nos ofuscamos en hacer dicotómico. No siempre será y no todas las veces fue. Pero no lo dejes, tu objetivo no solo tiene una forma ni una manera de representarse, las carambolas pueden ser infinitas, los caminos innumerables, es por eso por lo que intentar predecirlo te consumirá desde dentro, hacia fuera. Te traerá más disgustos que alegrías y en ningún caso mejorará el final. Vive con la incertidumbre de no saber las cosas, de equivocarte, de sorprenderte, de descubrir que te gustan otras cosas y que hay otras sendas que se abren. Que no es oro todo lo que reluce y no pasa nada. Que quizás tomamos el camino que no era y tenemos que empezar a caminar campo a través para ver si encontramos otro que nos haga sentir mejor. No pasa nada.  

Todo vale, todo sirve, todo enseña.

sábado, 26 de agosto de 2023

Enso

Hace tiempo que los días empiezan pero no acaban, se acumulan y amontonan en mi cabeza. Dan vueltas sin parar y sin dejar nada claro. 

Llegas y alteras mi conciencia, mi calma y mi paz. Haces que todo se arremoline en una madeja y pierda sentido. Todo parece caótico, inútil y cansado a tu lado. Me ha costado muchos años, pero sé que no debo culparte, sé que no eres tú, soy yo y mi miedo a mirarte a los ojos. Eso te hace más grande y te da fuerzas, todas las que a mí me faltan para girarme y plantarte cara.  

Huyo. Huyo despavorida porque me da pánico lo que pueda encontrarme, lo que quieres mostrarme, que todo dé un giro inesperado y se derrumbe mi estabilidad. Pero es justamente eso lo que consigo alejándome de ti. Tú solo vienes a avisar y yo soy la que te pongo el disfraz de monstruo despiadado. Siempre has estado ahí para ayudarme y yo te tildo de histérica, aunque en el fondo sé que sólo eres un reflejo de mi estado, de lo que no quiero afrontar, de lo que me da pereza pensar y meditar, de lo que llevo demasiado guardando en la mochila sin soltar.

Tú me recuerdas el hartazgo que me produce estar siempre escapando de la vida, vivir con miedo y ansiedad. Lo sé, llevo años sabiéndolo, trabajando contigo y, sin embargo, sigo tropezando con las mismas putas piedras, una y otra vez. Trastabillo y voy dando traspiés el resto del tiempo, sin querer parar a mirar qué ha sido lo que me ha hecho desestabilizarme OTRA VEZ. Tiro hacia delante como los toros de Miura, embistiendo lo que pille por delante, ya sea mi felicidad, mi día, mi descanso,… Todo esto lo sé aunque a veces (demasiadas) no lo parezca.

Sé que tengo que reconciliarme contigo y con lo que vienes a decirme. Sé que muchas veces menos es más, que soltar es bueno y dejar que todo sea como tenga que ser es mejor. Pero sobre todo sé que yo no soy tú, tú solo eres una sugerencia en un mar de frases inconexas en las que, algún día lograré saber por qué, las tuyas resaltan más.

sábado, 19 de agosto de 2023

¿Suerte?


La suerte y sus dos caras. ¿Hay gente muy afortunada o esa gente está en el sitio indicado y con las condiciones adecuadas, cuando esa suerte llama a su puerta?

Lo primero es cuestión de azar, lo segundo, generalmente, va acompañado de mucho trabajo del que poca gente es consciente. Puedes encontrar la mejor oferta de trabajo como ingeniero aeronáutico, que si no lo eres, te va a dar igual. Entonces, ¿el ingeniero que ha encontrado ese trabajazo ha tenido solo suerte o ha estado en el lugar y con las condiciones adecuadas para que cuando ese tren fortuito llamara a su puerta pudiera subirse en él?

Es fácil hablar de la suerte de otros sin ponernos en sus zapatos. ¿Cuántas horas ha estado la otra persona trabajando, estudiando, formándose extracurricularmente? Y si obviamos el tema de los estudios ¿Cuánto tiempo ha pasado pensándose, mejorándose, cayéndose y levantándose, trabajándose a sí misma para mejorar todas esas cosas no tan positivas que todos tenemos? Desde mi punto de vista la mayoría de las veces que nombramos a la suerte en realidad estamos obviando un montón de pasos previos, que por norma general, son los que “atraen” esa supuesta fortuna.

De hecho, creo que hay un punto importante que debemos tener en cuenta para tomar consciencia sobre el impacto de esta palabra y la ligereza con la que habitualmente la usamos. Durante muchos años he pensado que gran parte de lo que tenía era gracias a la suerte. ¿Qué mensaje le estoy mandando a mi cabeza si hago esta reflexión? Que ha sido todo casual, no ha tenido nada que ver con el trabajo que había hecho hasta entonces. Esto pasa porque en muchas ocasiones desmerecemos dichos esfuerzos. Miramos al pasado como algo que ya pasó y que así lo teníamos que hacer, tendemos a olvidar los malos momentos y a darlos por sentado. No recordamos la de horas de empeño, ahínco y desmotivaciones. No sé, quizás te pasaste muchos años estudiando una carrera que estuviste apunto de abandonar porque no creías que fueras capaz o entrenando todos los días incluso cuando no tenías ganas o escribiendo un diario o meditando o leyendo libros para aprender más sobre ti. Tú decidiste hacer todas esas cosas para mejorar, sea en el ámbito que sea, reducirlo todo a la casualidad no solo no es real, sino que es injusto. Creo que atenta, de manera directa, sobre nuestra autoestima y nuestra moral, por ello creo que es interesante ser realista y cuidadoso con su uso. 

Quizás en otro momento de mi vida esta matización me hubiera parecido una soberana chorrada, pero ahora miro con lupa lo que me digo a mí misma y cómo me lo digo. Me di cuenta del error tan garrafal que cometía no prestando atención a cómo me trataba y el impacto tan grande que tenía sobre mi estado de ánimo y la estima hacia mi persona. Lo que más me llamó la atención fue darme cuenta que jamás hablaría a alguien como me hablaba a mí. 

¿Lo has pensado alguna vez? ¿Le dirías a alguien las cosas que te dices a ti y en la forma en la que lo haces? 

sábado, 12 de agosto de 2023

Miedo


Si el miedo no hubiera existido, no estaríamos aquí, nos habrían ido merendando bichos hambrientos y más fuertes que nosotros hasta acabar con la especie o habríamos saltado desde precipicios o cualquier otra cosa que se nos hubiera ocurrido, porque nada nos habría frenado para hacerlo. Por otro lado, si no hubiéramos traspasado esa barrera del miedo tampoco habríamos evolucionado, porque no seríamos capaces de intentar cosas nuevas, inventar, imaginar y hacerlo realidad.

El miedo es un toque de atención, un aviso sobre algo a lo que le tenemos que prestar atención y meditar si realmente tenemos que parar o merece la pena seguir. Sentimos miedo de lo desconocido, de lo que alguna vez nos ha hecho daño, de lo que nos asusta, es normal, es una reacción necesaria, es una emoción que nos hizo sobrevivir evolutivamente. El problema viene cuando después de esa primera emoción, hace su aparición estelar la loca de la casa y empieza a machacarnos la cabeza. ¿No sabes quién es la loca de la casa o el loco de la casa? Sí, sí lo sabes, esa voz que tienes dentro y que no para de parlotear, ese discursito que en muchas ocasiones pondrías en “mute” para descansar. Sí, es esa voz que cuando vas en el coche te dice de repente: “¿Y si ahora pinchamos y nos matamos?”, o vas por la calle caminando y te susurra: “¿Te imaginas que se te cae una maceta en la cabeza?”, o piensas en tu padre y te dice: “¿Y si le da un infarto?”. Esa voz la tenemos todos, a veces es más amable, a veces una mijita hijaputa (tiende más a lo segundo que a lo primero). Se suele enrocar en un discurso sofocante, agobiante y circular (¿has oído hablar de la rumiación?). No sé si lo sabes, pero esa voz NO ERES TÚ, ni te define. Tu cerebro está programado para prestarle mucha más atención a las cosas malas que a las buenas, porque a las malas había que sobrevivir, a las buenas no. Evolutivamente eso fue un acierto, nuestra mente imaginaba las más inimaginables desdichas para prepararte y buscar una solución anticipada por si las moscas, hoy día eso no tiene sentido. Tenemos todas las alertas de hace 100.000 años pero con un 0,1% de los peligros de entonces. La alarma salta cada dos por tres, no es real pero nos tiene agotados.

Aparte de nuestra mente no evolucionada (hablando de peligros) y nuestra querida loca de la casa, tenemos otra cosa que nos arrastra a tener esa dramática conversación interna: la cantidad de trágicas noticias que leemos día a día. Exactamente por la misma razón que he comentado antes, vende mucho más un dramón que una buena nueva, así que si aparece la buena no le dan mucho bombo, pero la mala la repiten hasta la saciedad, creando así un círculo de negatividad, desasosiego, desgana, hastío y aburrimiento general en la sociedad. Esto va generando un estado de pánico, ansiedad y estrés que se va cronificado, hasta que nuestra vida se sumerge en una cueva oscura de la que no creemos que podamos salir. ¿Has sentido alguna vez que le tienes miedo a absolutamente todo? Las veces que me ha pasado, la frase que retumbaba en mi cabeza era: “Le tengo miedo a la vida” y no, no es nada agradable. Con cualquier acontecimiento parece que se va a desatar la hecatombe y no vas a ser capaz de hacerle frente, es como que no te quedaran energías suficiente para seguir luchando. ¡Normal! Estás luchando contra todo. Incluso contigo mismo por sentirte así, por lo tanto ¿dónde está tu casa? ¿dónde desconectas? ¿dónde te relajas? Lo sé, en esos momentos no consigues hacerlo nunca. Mi único pensamiento era: “¿Dónde tengo el botón de off o de que todo me importe una mierda?”

¿Y si el problema está en el exceso de control? En quererlo todo atado de manera que nada nos sorprenda y pueda salir mal, en no dejarle nada a la fortuna, a la suerte, a la aventura, al "ve tirando y ya si eso vamos viendo". Puede haber también casos en los que el miedo ha estado presente en nuestra vida desde pequeños, bien porque nuestros referentes eran/son miedosos, lo cual hace que tengamos muy integrados ciertos circuitos en los que esa emoción está muy presente, bien porque hemos tenido experiencias traumáticas. Sea como fuere, en ese momento de pánico absoluto en el que parece que el mundo se va a acabar, lo que en realidad está pasando es que la amígdala nos tiene secuestrados (término de Daniel Goleman en los 90) y esto hace que seamos muy poco racionales, por no decir nada. Esta información por sí misma no soluciona el problema, pero a mí, en esos momentos, me ayuda recordar que no me tengo que hacer mucho caso porque seguro que estoy dramatizando de más. La mayoría de las veces mi amígdala me hace una peineta después de este razonamiento, así que paso al plan B, que es pensar que sí, que tiene toda la razón del mundo, va a ser completamente horroroso. Me planteo cuál es la peor de las situaciones, por ejemplo, hace unos cuantos años, mi amígdala me tuvo muy secuestrada durante mucho tiempo, por lo que, ahora me suele pasar que cuando voy de viaje a algún sitio más exótico de lo habitual, la loca de la casa y la amígdala sacan las fanfarrias en algún momento, bien podía ser por estar en Perú en mitad de la selva o a 5000m de altura o en mitad de Nepal a 40 km a pie (y digo a pie porque no se podía ir de otra manera) de la carretera más cercana. En ese precioso momento llegan y sacan toda la artillería pesada, te aseguro que recordar que estás a 10000km de tu casa en mitad de una cordillera o en mitad de ningún lugar suena muy idílico y bonito, salvo que estés en un momento de pánico, que en ese caso no ayuda absolutamente nada. Ni razonando que era el secuestro, ni haciendo ejercicios de respiración, ni tila, ni mierdas en vinagre, no funcionó nada y me sentía cada vez peor. Así que me senté y pensé ¿qué es lo peor que me puede pasar? Que me muera aquí. Bueno, me voy a morir en “mataporculo” de mi casa pero al menos me voy a morir con mis amigos cerca y viendo este espectáculo de paisaje. Hasta me visualicé, vi como mi mejor amiga me cogía de la manita mientras yo espiraba el último aliento, me pareció hasta bonito. Ahora leyéndolo suena bastante cómico, pero la realidad es que en aquel momento hasta se me saltaron las lágrimas porque estaba completamente convencida de que había una probabilidad grande de que me fuera al otro barrio. El caso es que funcionó, el nivel de ansiedad, estrés y pánico se fue rebajando, hasta que se quitó del todo.

No hay fórmulas infalibles para esos momentos de miedo infinito, incluso hay veces que, lo que una vez te funcionó, deja de hacerlo y al contrario. Parece que aprenden, pero tú también. Saber nos hace libres. Entender los circuitos de nuestra cabeza, hace que seamos más condescendientes con nosotros mismos, que no nos culpemos de todo por ser como somos, porque solo somos el resultado de experiencias, vivencias, risas, llantos y optimizaciones de nuestro cerebro. Nuestra cabeza solo responde a estímulos en base a la información que ya tiene, como un ordenador, el problema es que no conocemos el código que hay programado por debajo, llevamos tantos años en piloto automático que aunque creamos que nos conocemos, somos nuestros grandes desconocidos. De hecho, me atrevería a decir que, en muchas ocasiones, conocemos mejor a otras personas que nosotros mismo. Es como si diéramos por hecho que como convivimos con nosotros ya está todo hecho y justamente, la ansiedad, el estrés y los ataques de pánico son síntomas de no estar entendiendo lo que necesitamos, hasta que un día el vaso rebosa y nos asustamos. Puede ser un día que no haya pasado nada importante, puede ser algo insignificante, no importa, pero es el día que todo llega al tope y estalla. Entonces decimos frases como: “Pero si he tenido épocas peores, yo no sé por qué me pasa esto ahora”, “Tampoco estaba tan mal”, etc. ¿Cuántos años llevamos acumulando lastres en la mochila? Ya sean nuestros o de nuestro entorno ¿Y cuánto tiempo invertimos en revisar esa mochila e ir vaciándola? Creo que hay una regla de oro por ahí, que dice que si no quieres almacenar muchas cosas te acostumbres a sacar algo viejo del armario para meter algo nuevo. Esto debería ser lo mismo, vaciar mierda piscológica antes de meter nuevos comederos de cabeza, porque aunque no lo creamos, tenemos un límite.

Cuando peté tardé mucho en pedirle ayuda a un profesional, ilusa de mí pensé que podía gestionarlo yo por mi cuenta, porque (yo creía que) me conocía perfectamente. Pasé en esa pesadilla dos años hasta que me animé a ir a mi psicóloga y aunque tarde, fue la mejor decisión que pude tomar, porque ella me mostró que estaba en un triste error, vivía conmigo, pero me tenía amordazada en una esquina y no me escuchaba lo más mínimo, de vez en cuando me miraba de reojo, me echaba un vistazo, pero no me paraba a entenderme, a comprender por qué había llegado todo aquello que había paralizado mi vida por completo. Me sorprendió tanto llegar a verme en aquella tesitura, sin poder controlar mi cabeza, sin entender nada de lo que pasaba, teniéndole miedo hasta a coger un autobús o ir al campo (cuando soy más de campo que las amapolas) o entrar en un cine, cosas que había hecho toda mi vida sin ningún tipo de problema, que empecé a leer, a estudiar, a comprender cómo funciona la mente humana, a sentarme conmigo y escucharme. A darle voz a mi niña, a mi adolescente, a mi adulta más joven, porque a todas ellas las había tenido silenciadas.

Sea cual sea tu camino, tu historia, tu vivencia o tu punto de partida: Estudia, lee, medita, escribe. Hay mucha bibiografia con un nivel para los usuarios de a pie, como yo, para empezar. Intenta comprender tu historia, por qué has llegado al punto que has llegado, ya que todo tiene una explicación, no se genera espontáneamente, probablemente sean comportamientos de muchos años. Entiéndelo, sánalo y saca cosas de tu bolsa, vacíala todo lo que puedas, quédate solo con lo que te estés trabajando en este momento. No cargues de más, no merece la pena, no tenemos tanto tiempo como para hacer el camino con tanto peso que no te permita mirar para delante y disfrutar de las vistas del ahora.