sábado, 14 de octubre de 2023

No sé qué pasa

La pereza me dura el tiempo de empezar a subir. Después del primer paso todo se disipa y desaparece, solo me invade la necesidad de aire fresco, brisa, agua, sol, calor o frío. Lo que toque en cada momento. Me da igual, solo necesito vivirlo, impregnarme de cada emoción y cada sentimiento.

No entiendo qué pasa, pero los problemas dejan de serlo, los miedos huyen fuera de mí y mi mente, generalmente invadida de pensamientos fatigosos, se vacía por completo, deja espacio a la aventura, a las ganas y al descaro. Tengo la certeza de que, en esos momentos, no cabe otra posibilidad y mi mente está convencida de ello.

Siento que estoy en conexión con todo. Mis pies, aunque dentro de botas, sienten cada raíz, cada piedra, cada grieta en el camino. Mis manos tocan, sienten y acarician cada textura. Mis ojos divagan con el viento, juegan con la luz y se recrean en las formas, no pueden parar de verse en cada sitio que les llama la atención. Es olor, es sabor, son formas y lugares. Es esa conversación casual con alguien, la alegría de recordar algo, resolver un problema, entenderlo todo de pronto. Es saberte cansada pero completa, haberte vaciado de todo para llenarte de ese lugar. Es comprender que ese es el momento idóneo para empezar, que no hay más, solo hoy, solo ahora.

No entiendo qué pasa, pero siento en lo más profundo de mí que todo el engranaje se une a la vez, en un mismo sentido. 

A veces no hace falta comprender nada, solo sentirlo y dejar que el resto lo haga la vida. 

sábado, 23 de septiembre de 2023

Recuerdo

Suenan las primeras notas e irremediablemente, te apareces. Esta canción es tuya.

Veo clara aquella piscina, la luz que había, tu cara mientras flotabas en el agua, su mirada queriendo entenderlo todo, mis ganas de que no hubiera nadie nada más que tú y yo.  Recuerdo mi vergüenza sabiéndome observada, no querer que se supiera. La broma que te gasté para disimular. Mi miedo al qué dirán y a la misma vez, sentir que no lo podía parar. Ese final de verano que nunca olvidaré.

Cambia la estrofa y la escena se difumina, ahora te estoy esperando en la esquina de mi casa. Llevo dos meses sin verte porque has estado en la playa y de pronto apareces abriendo la cancela. Llevas un vestido blanco, estás negra como un tizón y me sonríes de oreja a oreja de una manera que no puedo dejar de mirar. Lo primero que oigo de tus labios es el eterno ‘Hola fea’ y esa risa, que pase el tiempo que pase, siempre resonará dentro de mi cabeza.

Suena el estribillo. Todo vuelve a cambiar. Te veo caminando por la calle muerta de la risa porque no te podías creer que fuera mi primer beso. Él no entiende nada, ni lo va a llegar a entender nunca. Recuerdo el billar, tu mirada, tu sonrisa. Los refrescos que duraban tres horas. Tu llamada al día siguiente, ese: “Yo lo intentaría” que lo cambió todo para siempre. Tú me hiciste valiente. Tus manos. Tabú. Tú.

Recuerdo las ganas, la ilusión y la felicidad que me producías y que me sigues produciendo con solo pensarte. El lastre que me quitaste y que no tendré vidas para agradecerte. Me enseñaste que es mejor arrepentirse de los errores que de no haberlo intentado, que no siempre hay que ser modélica, que los sueños se hacen realidad y algunas pesadillas también, que la esencia de las personas perdura indeleble en la mente de la que la quiere. Te llevo, te siento, te quiero.

Cada vez que tengo miedo de hacer algo recuerdo que tú ni si quiera puedes intentarlo y entonces solo puedo querer comerme el mundo.

Te echo de menos, Enana.

sábado, 16 de septiembre de 2023

La calma

Como si de un barco de papel se tratara me dejo mecer por una suave marea que me va llevando a un lugar desconocido, nuevo. El viento empuja mis velas haciendo su función de una manera firme.

Voy atisbando diferentes formas, distintos lugares. Mil millones de verdes, azules y naranjas. Los colores se funden, dan lugar a algunos nuevos y a otros que no lo son tantos. Las texturas todavía no las puedo tocar, pero las intuyo como si ya las sintiera entre mis dedos, debajo de mis pies, envolviendo mi cuerpo.

No juzgo, no intento saber anticipadamente, solo quiero vivirlo desde dentro hacia fuera. Dejar que todo sea como tenga que ser, que me lleve en la dirección desee, como una hoja caída que vuela libre. Tantas veces me aferré y tantas veces me lastimé. Ahora solo quiero tomar la forma que me toque, amoldarme a lo que venga.

Me adapto, floto, crezco y respiro. Miro y observo con curiosidad. Me río de mis caídas y lloro de emoción al ver todo lo que nace frente mis ojos. Corro, salto y me zambullo en una infinidad de ríos de emociones que dejo que me recorran de arriba abajo. Las dejo pasar, las dejo atravesarme y llenarme, se escabullen divertidas entre mis dedos y yo simplemente las dejo ser como son. Ellas saben más que yo.
 
Sigo transitando mil sendas diferentes sin querer permanecer más tiempo del que me permita el destino. Ahora aquí, luego allá. Lo que se estanca se pudre. Recorro cada milímetro disfrutando el camino, sin esperar qué será o qué fue. Solo viviendo esto que tengo frente mis ojos, entre mis manos, solo el suelo que pisan mis pies o el aire que baten mis alas.

¿Hay algo más además del ahora?

sábado, 9 de septiembre de 2023

El sentido de la vida

¿Cómo se vive una vida con sentido? O ¿cómo encontrar el sentido de la vida? 

¿Depende de lo que poseemos? ¿De la suerte que tenemos al nacer? Quizás hay una parte que sí, pero hay innumerables ejemplos de gente que lo tiene todo y no encuentra razones para vivir o gente que sin nada las encuentra sin parar. ¿Entonces?

¿Por qué hay personas que viven auténticos dramas familiares y son capaces de llevar una vida plena y sobreponerse a todo y otras que no les pasa nada grave y se ahoga en cada charco que se encuentran?

¿Tendrá que ver con la manera de enfrentar los problemas y de procesarlos? ¿Qué pasa con las personas que se escabullen de los problemas cada vez que los hay? ¿Puede influir esto en su felicidad? A priori, huir de una determinada situación puede parecer que nos libera de ese duro momento, pero en realidad el mensaje interno que nos damos es distinto. Nos estamos diciendo a nosotros mismos que no somos capaces, que somos cobardes y eso no es baladí, no cae en saco roto. Poco a poco va haciendo mella.

No hacer frente, por defecto, a las situaciones complicadas que aparecen en nuestra vida como, por ejemplo: Esa charla incómoda con tus padres, con tus hijos o con tu pareja, hace que lo vayas posponiendo todo, incluida la posibilidad de vivir tu vida con plenitud. El no tener las conversaciones desagradables hace que nos liberemos en ese momento, pero hace insoportables todos los demás, es como un estado de insatisfacción constante, como una bruma que nos rodea todo el tiempo, que nos hace sentir incómodos, incomprendidos y cada vez más alejados de las personas que queremos. Si no decimos como nos sentimos ¿cómo pretendemos que lo sepan los demás?

En algunas ocasiones, todo se vuelve tan complicado y nosotros nos vemos tan incapaces de afrontar esa pelota que cada vez se ha hecho más grande, que hay personas que terminan sepultadas por su propia huida, cada vez más sobrepasadas, sin ser capaces de enfrentarse a todo lo acumulado durante tanto tiempo. Entonces aparecen las depresiones, ansiedades, ataques de pánico y demás trastornos psicológicos que, en el mejor de los casos, tratarán con un profesional, pero desgraciadamente, en un número elevado de ellos no.

Quiero poner foco en estos casos que no hay ayuda de alguien especializado, porque la sensación de la persona es tan mala y la necesidad de quitársela tan grande, que muchas de ellas tienden a usar fármacos (antidepresivos, tranquilizantes, ansiolíticos, etc.) de manera irresponsable, con dosis muy elevadas sin tratar la afectación psicológica de base, con lo que al final no solo no solucionamos el problema si no que creamos otro, la adicción. Las pastillas palían momentáneamente los síntomas, son muy útiles si trabajamos paralelamente con un especialista, pero por sí mismas no solucionan absolutamente nada de forma permanente. Cada vez necesitaremos una dosis más alta para acallar todas esas emociones, sensaciones y ahogos internos porque nuestro organismo se irá acostumbrando a dicha sustancia. El mismo final hay para resto de drogas legales o ilegales que el ser humano usa para huir de su cabeza, aunque sea por unos minutos. Todas nos hacen evadirnos de nuestra realidad y nuestra presencia. Nos liberan de las preocupaciones y nos hacen sentir más ligeros, pero no facilitan el camino a largo plazo y mucho menos la recuperación.

La pregunta entonces es: ¿De qué estoy huyendo y por qué? ¿A qué me aferro cuando estoy mal? ¿Es algo que va en contra de mi cuerpo aunque lo tranquilice momentáneamente?

La verdad es que no sé cómo se encuentra el sentido de la vida, lo que sí sé es que seguro que no lo encontraremos escondiéndonos de lo que el día a día nos depara. 

Quizás merece la pena recordar que ser valiente no es no tener miedo, es hacer las cosas a pesar de sentirlo.

sábado, 2 de septiembre de 2023

Espirales de vida

Un reclamo al viento, una esencia que se esconde, un mañana que siempre llega, un sol que siempre se pone. Un círculo vicioso que se esmera en repetirse. Reacciones a acciones. Consecuencias de actos.  
No siempre recogiste lo que sembraste y eso no tendría que preocuparte, hay veces que todo se congela hasta que llega el momento adecuado. La justicia es algo objetivo que nos ofuscamos en hacer dicotómico. No siempre será y no todas las veces fue. Pero no lo dejes, tu objetivo no solo tiene una forma ni una manera de representarse, las carambolas pueden ser infinitas, los caminos innumerables, es por eso por lo que intentar predecirlo te consumirá desde dentro, hacia fuera. Te traerá más disgustos que alegrías y en ningún caso mejorará el final. Vive con la incertidumbre de no saber las cosas, de equivocarte, de sorprenderte, de descubrir que te gustan otras cosas y que hay otras sendas que se abren. Que no es oro todo lo que reluce y no pasa nada. Que quizás tomamos el camino que no era y tenemos que empezar a caminar campo a través para ver si encontramos otro que nos haga sentir mejor. No pasa nada.  

Todo vale, todo sirve, todo enseña.

sábado, 26 de agosto de 2023

Enso

Hace tiempo que los días empiezan pero no acaban, se acumulan y amontonan en mi cabeza. Dan vueltas sin parar y sin dejar nada claro. 

Llegas y alteras mi conciencia, mi calma y mi paz. Haces que todo se arremoline en una madeja y pierda sentido. Todo parece caótico, inútil y cansado a tu lado. Me ha costado muchos años, pero sé que no debo culparte, sé que no eres tú, soy yo y mi miedo a mirarte a los ojos. Eso te hace más grande y te da fuerzas, todas las que a mí me faltan para girarme y plantarte cara.  

Huyo. Huyo despavorida porque me da pánico lo que pueda encontrarme, lo que quieres mostrarme, que todo dé un giro inesperado y se derrumbe mi estabilidad. Pero es justamente eso lo que consigo alejándome de ti. Tú solo vienes a avisar y yo soy la que te pongo el disfraz de monstruo despiadado. Siempre has estado ahí para ayudarme y yo te tildo de histérica, aunque en el fondo sé que sólo eres un reflejo de mi estado, de lo que no quiero afrontar, de lo que me da pereza pensar y meditar, de lo que llevo demasiado guardando en la mochila sin soltar.

Tú me recuerdas el hartazgo que me produce estar siempre escapando de la vida, vivir con miedo y ansiedad. Lo sé, llevo años sabiéndolo, trabajando contigo y, sin embargo, sigo tropezando con las mismas putas piedras, una y otra vez. Trastabillo y voy dando traspiés el resto del tiempo, sin querer parar a mirar qué ha sido lo que me ha hecho desestabilizarme OTRA VEZ. Tiro hacia delante como los toros de Miura, embistiendo lo que pille por delante, ya sea mi felicidad, mi día, mi descanso,… Todo esto lo sé aunque a veces (demasiadas) no lo parezca.

Sé que tengo que reconciliarme contigo y con lo que vienes a decirme. Sé que muchas veces menos es más, que soltar es bueno y dejar que todo sea como tenga que ser es mejor. Pero sobre todo sé que yo no soy tú, tú solo eres una sugerencia en un mar de frases inconexas en las que, algún día lograré saber por qué, las tuyas resaltan más.

sábado, 19 de agosto de 2023

¿Suerte?


La suerte y sus dos caras. ¿Hay gente muy afortunada o esa gente está en el sitio indicado y con las condiciones adecuadas, cuando esa suerte llama a su puerta?

Lo primero es cuestión de azar, lo segundo, generalmente, va acompañado de mucho trabajo del que poca gente es consciente. Puedes encontrar la mejor oferta de trabajo como ingeniero aeronáutico, que si no lo eres, te va a dar igual. Entonces, ¿el ingeniero que ha encontrado ese trabajazo ha tenido solo suerte o ha estado en el lugar y con las condiciones adecuadas para que cuando ese tren fortuito llamara a su puerta pudiera subirse en él?

Es fácil hablar de la suerte de otros sin ponernos en sus zapatos. ¿Cuántas horas ha estado la otra persona trabajando, estudiando, formándose extracurricularmente? Y si obviamos el tema de los estudios ¿Cuánto tiempo ha pasado pensándose, mejorándose, cayéndose y levantándose, trabajándose a sí misma para mejorar todas esas cosas no tan positivas que todos tenemos? Desde mi punto de vista la mayoría de las veces que nombramos a la suerte en realidad estamos obviando un montón de pasos previos, que por norma general, son los que “atraen” esa supuesta fortuna.

De hecho, creo que hay un punto importante que debemos tener en cuenta para tomar consciencia sobre el impacto de esta palabra y la ligereza con la que habitualmente la usamos. Durante muchos años he pensado que gran parte de lo que tenía era gracias a la suerte. ¿Qué mensaje le estoy mandando a mi cabeza si hago esta reflexión? Que ha sido todo casual, no ha tenido nada que ver con el trabajo que había hecho hasta entonces. Esto pasa porque en muchas ocasiones desmerecemos dichos esfuerzos. Miramos al pasado como algo que ya pasó y que así lo teníamos que hacer, tendemos a olvidar los malos momentos y a darlos por sentado. No recordamos la de horas de empeño, ahínco y desmotivaciones. No sé, quizás te pasaste muchos años estudiando una carrera que estuviste apunto de abandonar porque no creías que fueras capaz o entrenando todos los días incluso cuando no tenías ganas o escribiendo un diario o meditando o leyendo libros para aprender más sobre ti. Tú decidiste hacer todas esas cosas para mejorar, sea en el ámbito que sea, reducirlo todo a la casualidad no solo no es real, sino que es injusto. Creo que atenta, de manera directa, sobre nuestra autoestima y nuestra moral, por ello creo que es interesante ser realista y cuidadoso con su uso. 

Quizás en otro momento de mi vida esta matización me hubiera parecido una soberana chorrada, pero ahora miro con lupa lo que me digo a mí misma y cómo me lo digo. Me di cuenta del error tan garrafal que cometía no prestando atención a cómo me trataba y el impacto tan grande que tenía sobre mi estado de ánimo y la estima hacia mi persona. Lo que más me llamó la atención fue darme cuenta que jamás hablaría a alguien como me hablaba a mí. 

¿Lo has pensado alguna vez? ¿Le dirías a alguien las cosas que te dices a ti y en la forma en la que lo haces?