sábado, 5 de agosto de 2023

Focus


Qué fácil es hablar de focalizar en un mundo lleno de distracciones a todas horas. Nos quejamos de que los niños o los adolescentes no prestan atención, no saben estar quietos, no saben estar sin hacer nada.

Me pregunto cómo hubiera sido mi vida si hubiera nacido en plena revolución tecnológica, si hubiera crecido viendo como normal el móvil, las redes sociales y los realities. ¿Habría conseguido las mismas cosas? ¿Tendría los mismos gustos? ¿Sería más o menos materialista? ¿Tendría la misma imagen de mí cuando me mirase en el espejo?

La pedimos a un niño que controle el impulso que crea la dopamina y le hace revisar las redes o mirar el whatsapp y nos enfadamos si no es capaz de hacerlo ¿Nosotros somos capaces? ¿Somos capaces de no desbloquear el móvil infinitas veces durante el día sin ninguna finalidad concreta? ¿Somos capaces de no hacerlo cuando estamos aburridos? Si te aburres ¿puedes estar sin hacer absolutamente nada? ¿O por defecto enciendes el móvil, la televisión, …?

Cómo crear un hábito de concentración si desde pequeños, cuando nos molestan llorando, le damos un móvil para que se callen, porque es más cómodo que jugar con ellos o darle opciones para que inventen juegos por sí mismos. El bebé o el niño necesita crear ese mundo interior, darle vida, focalizarse en ella y vivirla desde dentro. El móvil, la tele, los videojuegos lo traen hecho y si lo traen hecho, ¿para qué lo va a inventar? Esto se extrapola a comer, cocinar, limpiar… Si todo nos lo dan hecho, no tenemos la necesidad de aprender, de imaginar, de CREAR. Todos los cachorros, de todas las especies, juegan, experimentan, se equivocan, se caen, se levantan, porque así es la manera de aprender las reglas de la vida y de la comunidad.

“Es que mi hijo ve la tele/móvil y se queda tonto”. Siento quitarle protagonismo a tu retoño, no es tu hijo, somos todos. El tipo de onda cerebral cambia, de Alpha a Beta, y entramos en un estado aletargamiento, muchas de las funciones cerebrales se “detienen”. El problema no es que puntualmente lo haga, el problema es cuando es continuo todos los días. El coco se acostumbra a ese estado de hipnosis y va perdiendo la capacidad de concentración. Pero todo esto ya lo sabíamos, ¿no? Como lo del tabaco, el alcohol, etc. Y si sabemos todas estas cosas ¿por qué las seguimos haciendo en detrimento de nuestra salud y bienestar? La respuesta es que evolutivamente el ser humano está preparado para pensar en este instante. Somos exactamente iguales que nuestros antepasados que cazaban y recolectaban, en nuestra evolución ha primado, la mayoría del tiempo, el aquí y el ahora, hace apenas 10.000 años que empezamos a pensar a largo plazo, por ejemplo, con la agricultura. ¿Conoces algún animal que tenga una despensa con comida, que prepare un aljibe o congele su presa para comérsela pasado mañana? Y cuando lo hicimos todo empezó a cambiar, pero eso da para otro texto. El caso es que estos aparatos nos dan recompensa instantánea todo el tiempo, es como una droga, le damos a la cabeza lo que más le gusta, por lo tanto, más quiere. ¿Y por qué es malo entonces? Porque es todo el tiempo. Nuestro primo de hace 10 milenios, por mucho que quisiera cazar ahora mismito un bicho para comérselo, tenía que esperar a encontrarlo, cazarlo, prepararlo, transportarlo al resto de la tribu. Nuestro bicho es el móvil y lo tenemos a golpe de clic, así que nunca terminamos de fomentar la paciencia. 

De todo esto, lo que más me inquieta si cabe es que esas criaturitas están creciendo viendo videos que muestran vidas que no son reales, personas que ganan millonadas gritándose unos a otros o sacando exclusivas en revistas o televisión, que gente que no sabe hacer nada de provecho por la sociedad (ojo que estoy diciendo provecho) va a tener más nivel de vida (que no calidad, porque ya sabemos que potencia sin control…) que alguien que se pasa formándose muchos años e incluso media vida, que el que está encerrado en un laboratorio investigando la cura de cualquier enfermedad tiene el dinero justo para llegar a final de mes o el que enseña a otros o el que se juega la vida para salvarte cuando estás en apuros. Esas criaturitas ven eso como normal, pero no lo es. Eso les crea una necesidad que ataca directamente a su autoestima, TIENEN que acercarse a esos ideales irreales y como ya hemos comentado que estamos a tope con eso de tener una recompensa inmediata, porque a nuestra cabeza no le hemos enseñado otra cosa: Me hago una red social, cuelgo fotos, busco likes, comentarios, seguidores, lo que sea con tal de que alguien me valide. Y si con todo lo anterior no me vale, pues será que tengo que comprarme ropa más cara, un mejor móvil, mejor coche, mejor… da igual, mejor algo para ver que estoy por encima de todo los que sigo o veo y que así mi autoestima vuelva a volar un poco alta para hostiarse 20 metros más adelante.

¿Qué es lo realmente importante? ¿Poseer muchas cosas o poseer solo lo que realmente necesito?

Cuanto menos tengo menos necesito. Cuanto menos necesito menos distracciones y entretenimientos alejados de mi foco tengo, menos volatilidad mental. Menos me visita la loca de la casa a recordarme todo lo que me falta, porque no me falta nada que no pueda encontrar dentro de mi mente.

sábado, 29 de julio de 2023

Mentiras


Durante años me he cerrado a la mentira. Me enseñaron que alguien que mentía era alguien en el que no se podía confiar, alguien de dudosa credibilidad, alguien que había que cuestionar siempre. Una mentira era sinónimo de falta grave y estar a un paso de la expulsión.

¿Y si por mantener nuestro estatus, nuestra mente necesitase mentir?. Si por complejo de inferioridad tienes que inventarte otra vida, otras vivencias, otro entorno y otro pasado. ¿Y si lo necesitas para comer? Si la única manera de llevar un trozo de comida a tu boca es mintiendo a otros ¿es aceptable?

Por lo general excusamos las respuestas que permiten una supervivencia, cubrir una primera necesidad, pensando que nuestra mente va a diferenciar entre comer y encajar o ser querido en un grupo. Para ella puede que sean iguales de cruciales ambas.

¿Y qué me dices de las mentiras a nosotros mismos? Cuántas veces has descubierto que te has estado mintiendo, que no has sido capaz de decirte a ti mismo, ni a los demás, lo que realmente querías. ¿Y si te hubieras mentido sin darte cuenta de que lo estabas haciendo y te creyeses tus propias palabras? ?¿Y si no te has permitido nunca conocerte y por eso te mientes, suponiendo que eres alguien que no eres?

Sigo sintiendo rechazo, malestar y tristeza ante la gran cantidad de mentira con la que vivimos. Hemos llegado a un momento en el que es válido mentir por quedar por encima, ganar es lo más importante, da igual quién caiga y cómo lo haga. ¿Realmente podemos crecer interiormente así, sin errores, sin equivocaciones? ¿Es malo equivocarse? ¿O es peor pensar que nunca lo hemos hecho?

No creo en el camino sin caídas, no creo en las sendas lineales, no creo que exista la perfección y si soy sincera conmigo misma, creo que tampoco la quiero. De las equivocaciones nacen las reinvenciones, de las crisis las mejores ideas, de la caídas las remontadas impensables y sin mis millones de errores, yo no sería yo, ni mi entorno sería mi entorno. Pero yo no he sido así todo el tiempo, yo he vivido sin conocerme muchos años y el día que me presentaron a mi persona no me quise ver del todo, no estaba preparada, aceptarme desde dentro hacia fuera fue un camino mucho más complejo y largo de lo que había pensado, de hecho, todavía no ha acabado, cada día me sorprendo con algo nuevo. Ahora me miro con curiosidad y con interés, porque sé que no todo es lo que parece y que, aunque viva en mí, hay muchas cosas que no muestro con tanta facilidad como creo.

¿Qué es la mentira si no la manera de soterrar cosas a las que no nos queremos enfrentar?

sábado, 22 de julio de 2023

Crisis existencial

La primera vez que escuché esas dos palabras juntas no me las dijeron como tal, me hablaron de la crisis de los 40, sin embargo, yo no tenía 40 ni me acercaba a ellos, no tenía idea de qué pasaba a esa edad para que tuviera una afectación propia por el simple hecho de cumplir años, pero lo que sí tenía claro era lo que yo sentía en ese momento: Una desazón bestial, desgana, vacío, una sensación de que no sabía qué hacía con mi vida. En ese momento, acababa de cumplir los 30, tenía un buen trabajo, estabilidad económica, un buen soporte familiar y de amigos, tenía salud. Aparentemente lo tenía todo y, sin embargo, cada día me sentía peor, con menos energía, como si acabara de terminar una carrera de ultrafondo y simplemente estaba viviendo. Además, como se supone que tenía todo lo que cualquier persona podría desear y mucho más de lo que la mayoría de los seres humanos de este planeta, peor me sentía, porque encima era una desagradecida.

Había temporadas que parecía que mejoraba un poco, la bestia se acallaba o se entretenía, pero cuando me despistaba, volvía con más fuerza y me hacía sentir mucho más desgraciada. Así sobreviví varios años, buscando cosas que llenaran ese vacío. Pero de repente encontré algo que me sacudió fuerte por dentro, me dio tanto miedo todo lo que me movía que dudé varios meses en continuar avanzando, me quedé paralizada ante lo que yo creía que era un abismo en el que, literalmente, me iba a despeñar y aterrizar hecha polvo sin poder recuperarme, yo ya estaba muy cansada de estar en modo supervivencia juntando los trozos que se rompían y volviendo a enmendarlos, pero había algo diferente esta vez, algo distinto se había movido dentro. Me decidí a observarme, a ver qué hacía mi cabeza cuando le susurraba bajito que a lo mejor sería buena idea probar ese camino para ver qué encontrábamos. Me sorprendió observar que la primera emoción era euforia, pero duraba apenas unos segundos, después llegaba la loca de la casa con una grúa y soltaba un bloque de 5 toneladas de miedo y pánico sobre esa euforia, por lo tanto, de ella solo quedaba el recuerdo. Espera, espera, ¿la primera emoción era buena? Es ilusión, es ganas, es fuerza... Entonces recordé a mis padres durante mi infancia diciéndome que todo lo bueno estaba detrás del miedo, empujándome a hacer cosas que me daban pánico para que me enfrentara a ellas. Recordé esa sensación de tener los pies en el borde del abismo, ¡NO ERA NUEVA!, la había tenido muchas veces cuando era pequeña. Rememoré mi modo "aguilucho", sí, ese que me salía cuando llegaba al borde con mis padres detrás, me daban un beso, unas palabritas de aliento y el temido empujoncito, en ese momento yo sacaba mis garras y me aferraba a lo que pudiera para no terminar de saltar, pero al final no me quedaba más remedio que desplegar las alas para no meterme el guantazo y empezar a planear. Después de hiperventilar varias veces y maldecir en arameo, me daba cuenta de que aquello no estaba tan mal, era soportable e incluso me llegaba a gustar. Las siguientes veces mis padres no me tenían que empujar porque yo me despedía de lejos y saltaba con carrerilla, algunas vez hasta haciendo carambola. ¿Y si resultaba que esto era lo mismo?

Cuando llegamos a la edad adulta pensamos que somos más inteligentes que cuando éramos niños y eso no es verdad, puede ser que tengas más experiencia y seguramente también te has endosado más capas que una cebolla para ir cubriendo inseguridades, miedos y traumitas. De adulto, por lo general, vamos como al carnaval, disfrazados de algo que no somos y que nos hemos obstinado en creer que somos por el simple hecho de que nos permitía sobrevivir en unas condiciones aceptables. Ojo, aceptables que no buenas. ¿Si mi niña saltó, por qué de adulta no soy capaz? ¿Es que acaso va a ser peor que aquello? ¿No se supone que de mayor tengo más recursos y más experiencia? Y sí, salté. Lo hice panicando, temblando (literalmente) y muerta de miedo, pero lo que vino después de la bruma y la espesura inicial fue un espectáculo de paisaje. Me decidí recorrerlo a pie, poco a poco, aunque después de ver lo que había me entraron unas ganas brutales de sobrevolarlo entero para echarle un vistazo todo, pero los años me habían enseñado que la mesura era mejor que el atracón, todo se digiere de forma distinta. Me había marcado un objetivo de varios años, pero sabía que ese objetivo probablemente solo fuera un hito en el camino y que, si todo lo que había atisbado a ver antes de aterrizar era cierto, mi camino ya no terminaría nunca. Había conseguido lo más importante, encontrar el sendero que me llevaba a mi objetivo. Dicho sendero, como todos, a veces será llano, cuesta abajo, pero habrá otras partes escarpadas, abrumadoras e incluso peligrosas, casi todos los caminos de verdad son así. Los buenos marineros no se hacen en mares en calma.

Después de aterrizar y andar varios meses ojiplática con todo lo que veía, sentía y aprendía, me paré a analizarme. Tenía la sensación de que se había abierto algo dentro de mí que no recordaba haber sentido nunca, era como un agujero negro de aprendizaje,  necesitaba más todo el tiempo, de lo que fuera, necesitaba empaparme de todo lo de mi alrededor. Creo que al aterrizar, a la desgana le pegaron una patada al "des" y me dejaron con las GANAS en mayúsculas, negrita y subrayado, porque era totalmente insaciable. Este camino descubierto no tenía nada que ver con mi profesión y sin embargo, ahora que lo había encontrado, estaba yendo con más ganas que nunca a trabajar, me apetecía mucho aprender más sobre mi trabajo y mejorar. Qué curioso. 

Hay un concepto en el deporte que se llama el potencial genético y viene a ser algo así como a lo máximo que puedes llegar de desarrollo corporal con los estímulos adecuados, no podrías llegar a más de eso por constitución. El hecho es que la mayoría de las personas nos quedamos a años luz de ese potencial porque no seguimos las pautas adecuadas, que no solo son ir a entrenar, si no entrenar de una manera determinada en cada momento. Creo que psicológicamente nos pasa algo parecido, nacemos puros y radiantes, con nuestro ser totalmente expuesto. Las experiencias, las personas que nos rodean y la sociedad en general, desde bien temprano, nos hacen ver, en muchas ocasiones, que lo que nos pide nuestro cuerpo no es lo adecuado y el ser humano es un animal gregario y social, necesita la manada y encajar en ella para sobrevivir, por lo que en esos momentos, empezamos a silenciar nuestra tendencia natural que de manera tan innata nos sale desde niños. La silenciamos durante tantos años que la olvidamos o se nos queda como un leve recuerdo de algo efímero, residual y sin importancia.

¿Y si encontrar esa tendencia, redescubrir eso que te fascina, hiciera que todo volviera a tener sentido? ¿Y si todo empieza porque de pequeños dejamos de expresar nuestro potencial para ser aceptados?

Quizás todo empiece por preguntar a ese niño que fuimos ¿qué harías si no tuvieras miedo?

miércoles, 3 de agosto de 2016

Resiliencia

    
      O lo que es lo mismo, esa forma en la que te levantas una y otra vez. Esa rabia interna que te posee de repente y te hace salir de los pozos más profundos.

      Estás hecho de pedazos de tus errores y tus fracasos, de trozos de ti reconvertido en quien quieres ser y unidos con migajas de lo que fuiste.

      Eres el ejemplo del muerto en vida, la fuerza del que se siente hundido, el orgullo del que te observa desde la barrera y que nunca te deja terminar de caer.

      Eres el enlace de todos tus yoes que un día permitiste que se quedaran.

viernes, 15 de julio de 2016

La luz del camino

Hubo una noche que me alié contigo, con tu luz, con tu reflejo, con tu paciencia... Y es que ese día no daba más de mí y tu me aportaste todo lo que me faltaba, esa calma, esa paz...

Simplemente tuve que tumbarme y contemplarte durante ¿un minuto? ¿una hora? ¿una noche? No sé cuánto tiempo pasó, lo que sí sé es que ahí empezó nuestro idilio, mi amor, mi admiración. No sé exactamente dónde te encuentras, pero sé que cuando te necesité me estabas esperando con la mejor de tus CARAS, la que tienes siempre. Sé que, no sé cómo, me tranquilizaste cuando pensé que no podía, me diste fuerza, sin hablar, para enfrentarme a algo que me parecía un mundo y lo conseguiste...

Sigo sin saber cómo lo haces, de dónde sacas ese poder o esa fuerza, pero sigues siendo la luz de mi camino, mi guía, mi guardia. Y es que, sólo hay que mirarte para saber, que millones de personas se han dejado llevar por ti a lo largo de los siglos, a lo largo de la historia... Pero lo siento, para mí siempre tendrás una parte que es sólo mía, esa que sólo tú puedes ver y sentir, esa que yo sólo te muestro.

Soy consciente de mi egoísmo y por eso te comparto con la mejor de mis sonrisas, porque tanta belleza no se puede quedar solamente en los ojos de un PEREGRINO.

Feliz camino allá donde os encontréis cada uno.

jueves, 9 de junio de 2016

... El camino ...

      Entrar, salir, aprender, SABER, encontrar, divagar, ANDAR, volver, venir, ser. Cada vez que quieras, siempre que te lo creas...

      Diferenciar entre la gente a personas, luces especiales que te hacen sentir, vivir, soñar. Una sonrisa rodeada de sombras, unas manos poderosas llenas de brillo, unas piernas con muchos kilómetros hechos, unos hombros con una mochila llena de problemas. Así empieza siempre la historia cuanto te replanteas tu vida. Quieres soltarlos todos, quitarte carga absurda, dejarlos caer e ir metiendo cada uno de tus sueños y mirar atrás sólo para ver que no te siguen, que se quedan ahí, en la quietud del camino. Otro sueño más, un plan, un proyecto, un viaje. Otro problema menos.

      Sabes que después de esa cuesta hay una bajada, que ya queda poco, sólo mirar al frente y pensar en los pasos que tienes que dar, siempre uno detrás de otro. Llegar a la cima y ver que llega otra cuesta. Sonreír y pensar que seguro que la peor era la primera, pero ves que te has equivocado... te da igual estás decidida a continuar. Un paso, otro más. Quedarte sin aliento es la menor de tus dificultades, sabes que es mucho peor tu mente, todas esas imagenes fugaces que ponen a prueba tu autoestima que no siempre da la talla y todos esos monstruos que se empeñan en hacerte creer que no eres lo suficientemente fuerte y que te paralizan. Sigue. No los escuches. Tú eres el que manda, todo lo controla tu cabeza.

      Terminar la segunda cuesta y ver que delante de ti hay otra todavía más grande, más inclinada, con un terreno más arduo. Empero, sabes que lo vas a conseguir, porque nada puede contigo, estás convencida. Al final de todas esas esas cuestas está tu sueño, tu meta, TÚ. Y qué más da si nadie lo cree. Sigue. Tus pasos son cada vez más lentos, tu carga es cada vez más pesada, piensas en soltar alguno de esos sueños que metiste, pero te das cuenta que no lo hubieras hecho con los problemas en otros momentos de tu vida, así que los conservas todos y cada uno de ellos. Miras hacia los lados y de repente, como si de una película se tratara, te ves a ti, a tu infancia, tu adolescencia. Contemplas todas esas veces que te caíste y en la mayoría de las ocasiones estás con alguien detrás, alguien que te ayuda a reiniciar el camino. Te paras. Hay una imagen que te llama poderosamente la atención. Es en tu infancia, te has caído y no sabes cómo seguir adelante, no sabes cómo levantarte, tienes miedo y es la primera vez que no tienes nadie detrás que te pueda ayudar. Observas como tu miedo pasa a ser enfado por no comprender, ves como lloraste, pataleaste por no poder contar lo que sentías. Sigues examinándote y te quedas boquiabierta, todo ese enfado se conviertió en fuerza, la fuerza enorme que hizo que te levantaras. No te importó no entenderlo, seguiste andando con más ahínco, con más ganas.

      Continúas subiendo tu cuesta. Un paso más. Miras de soslayo y ves otra imagen. Tu adolescencia. Otra caída, pero esta es infinitamente más grande, mucho más dura, sin embargo no reaccionas igual que lo hiciste en la imagen de tu infancia. Te has quedado sentada después de la caída, mirando a tu alrededor. Sorprendida te das cuenta que en esta imagen ya tienes tu mochila, esa que cuando empezaste este camino estaba llena de problemas, la diferencia es que en esta imagen sabes que son sueños, no estas enfadada por, practicamente, haberte desplomado en el suelo, simplemente te limitaste a levantarte sonriendo y seguir caminando. Eso te hace pensar ¿Cuántos años hace que empezaste a ocupar el sitio de tus sueños con problemas y dejaste de alegrarte por aprender de lo malo? Vuelves a mirar hacia delante dejando la visión de tu adolescencia a un lado, te quitas poco a poco la mochila, la abres y vas sacando esos SUEÑOS que un día ocupaban todo tu espacio, uno por uno los miras, los recuerdas, sonríes, a veces te emocionas. Los vuelves a guardar y te levantas sola, cansada, magullada,  pero sigues andando, esta vez con una sonrisa en la cara.

      Las siguientes imágenes de la película que te llegan las observas llenas de orgullo, cada uno de tus sueños cumplidos, cada una de tus metas alcanzadas, ves como todos esos sueños que tenías en tu adolescencia los has ido sacando de la mochila solo cuando has conseguido hacerlos realidad. Sigues sin parar de andar. Llegas a la cima de la tercera montaña casi sin ser consciente y te encuentras de frente contigo misma.

- ¿Dónde te habías metido? Hace tiempo que esperaba encontrarte de nuevo aquí. 

      Te ves sonreír. Sabes que lo has vuelto a conseguir. Eres grande.